Busqueda de la facultad del ingenio en la poco sencilla creatividad cómica

La risa es la auténtica medida de la felicidad.



sábado, 27 de junio de 2015

El mundo es un álbum de cromos

Nacemos con un álbum de cromos bajo el sobaco. Es un álbum que va evolucionando como si una obligación darwinista la fundamentase.

Al principio, es un álbum con cuadraditos vacíos que disponen de un número o una indicación para que el coleccionista sepa dónde colocar los cromos y cuáles. Luego se complica y coloca logaritmos o determinantes, derivadas, integrales o matrices; más tarde hay que colocar URLs y aplicaciones muy variadas y que funcionan en un idioma que apenas se domina.

En este comienzo el coleccionista iniciático se alegra del surgir de las complicaciones, cada cromo se une a otros cromos y forma un cromo escénico, o es un cromo trifocal y dependiendo de la perspectiva se vislumbra una posición u otra de la misma imagen o se representa una imagen en movimiento como en Harry Potter y se piensa que ya queda menos para lograr algo mágico. 

El álbum se va rellenando y, cuantos más cromos se colocan, más satisfacción se va logrando.

Al final es necesaria cierta profesionalización para la colocación de las escenas en el álbum y se tiene la sensación de que estas funciones a quien verdaderamente benefician son a la generación posterior, más joven y tecnificada, y que uno ha llegado tarde al reparto de cromos tecnológicos, procurando volver a los cromos de recuadrito e identificación analógica. 

El álbum no sigue siempre un orden cronológico, a veces sigue un orden temático o emocional, otras veces sigue un orden caprichoso e incluso de un curso errático, inexplicable en algún caso.
A veces va por capítulos y otras por estimaciones.

Allí están las páginas de los excesos y la de los defectos de aquellas imágenes que ni siquiera se llegaron a producir, unas veces como hueco renombrado o como ilusión incompleta. 
Los perjuicios y los medros allí aparecen. Los éxitos se cuentan en páginas de oropel, las penas están en un baúl con los reductos ocultos. Las derrotas son las precuelas de las victorias, los miedos son las secuelas de los olvidos en sincretismos interesados.
Los deseos en lugares prominentes sobre todo los cumplidos, las hambres aminoradas y recubiertas de posteriores excesos.

Tarde uno se va dando cuenta de que ya apenas quedan espacios para colocar los cromos y recolocarlos exige unas cualidades pérdidas o ignoradas, viendo cromos que no se sabe bien porque están allí si apenas existieron y otros que se recuerdan bien ya no están o no se encuentran.


Poco va importando ya, el álbum es definidor del curso pasado y de los cromos futuros, se es el álbum que se tiene, no importa lo ya puesto y se va sabiendo que lo importante es seguir colocando cromos aunque estos sean elementales y casi repetidos de cromos anteriores. Ya no importa que alguien los vea, ni tan siquiera revisar el álbum para recrearse en los cromos vividos, ahora lo importante es colocar los cromos y repasar algún tipo de orden o nuevo criterio (por lo general simplificador). Colocar los cromos es un bien en sí mismo.


Ahí están los olores, músicas, miradas, satenes, sabores y demás cromos sensoriales. Mudanzas y recambios, aciertos y huidas.

Todo, todo está en el álbum.

Es este el verdadero álbum de la vida.

sábado, 20 de junio de 2015

La teoría del cincuenta por ciento

Vaya por delante que creo que, casi, todos somos más felices al saber que se han encontrado los restos de Don Miguel de Cervantes Saavedra, como tan felices nos hace saber que se atribuye científicamente la autoría de un nuevo cuadro a Don Diego de Velázquez Silva, al igual que nos haría felices a muchos que se descubriese al verdadero autor de El Lazarillo de Tormes. Lo que pasa es que después en momentos tenebrosos nos viene la escéptica versión de pensar que algunos hallazgos están contaminados por intereses ajenos al ámbito cultural propiamente dicho.

Pasan trescientos años y como que se borra la verdadera huella del tiempo, falta la auténtica firma, el veraz documento, la incuestionable prueba del ADN o la irrefutable declaración de un testigo.
En una exitosa serie de televisión del túnel del tiempo ya están tardando en irse a reunir las pruebas que hagan falta, pero una cosa es la ficción serial y otra la cruda realidad.

Los expertos se dejan guiar por sumarle porcentajes a la teoría del 50%, ser o no ser, fifty- fifty, indicios, evidencias, criterios, suposiciones, declaraciones, votaciones, convencimientos, ausencia de teorías refutables, unanimidades al fin y al cabo. Eso, todos de acuerdo, nada que objetar.


Que sí, que es necesario poner las cosas en su sitio y que esto se tuvo que hacer antes como los ingleses con Shakespeare, pero nunca es tarde si la tumba es buena. Otros tres siglos y las pruebas habrán ido tomando rigor. Ahí estarán los informes precisos que el tiempo refrenda, los trazos, documentos verificadores, la prueba del carbono 14 que falta. Y a quien le va a importar dentro de unos siglos lo que se está afirmando ahora, el sitio de culto ya estará consolidado.   


El que quiera ver a Cervantes sin dudas debería ir a la Biblioteca Nacional.

Con estos ganamos todos y el barrio de las letras será más un barrio letrado (con nuevas placas conmemorativas). Nunca es tarde. Así sabremos que Segismunda es verdaderamente Sigismunda.